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lunes, 2 de septiembre de 2013

EL ENGRANAJE

EL ENGRANAJE
Escrito por Claudia Rodríguez Rolin



Un día paseaba en mi coche cuando en eso siento que de él surgía un ruido extraño. Estacioné el auto para ver que era lo que sucedía. Abrí el capó y ¡Sorpresa! El tornillo que ajusta un lado de la válvula que lleva el petróleo al motor estaba roto.

De inmediato comencé a buscar el número telefónico de mi mecánico, para que pudiese auxiliarme de la situación. Logrando mi objetivo, la empresa envió una grúa para llevarse mi vehículo directamente al taller.

Cuando llegué allí, el maestro abrió el capó y con un gesto me lo dijo todo. Algo malo y costoso había que solucionar.

Con su mirada hizo un diagnóstico de la situación y después me dio su informe. En un tono de voz preocupante me dice: ¿Ha arreglado Usted esto alguna vez?

Lo miré con sorpresa, puesto que si lo había hecho. Más,  me causaba asombro que él me preguntase. Le contesté – Sí, muy firmemente.

Ya, me dijo, como queriendo hacer una pausa. Luego acota: ¿Pero usted no colocó el tornillo que debería ir aquí, me refiero al original?

¡Ah! Le respondí, pues la verdad si se da cuenta el tornillo del otro extremo es muy parecido al que viene de fábrica, y como ese lo encuentro en todas partes pues le puse uno igual y ¡Santo remedio! Hasta hoy. El motivo, es  simple, el original debo pedirlo  a otra ciudad y eso para mi es pérdida de tiempo.

Ya. Me responde pensativo. Sabe, me dice.-Este problema que está aquí es como el AMOR.

Jajajajaja me reí a carcajadas.-¿Qué tiene que ver una dificultad mecánica con aquel sentimiento? ¡Por favor!, no ridiculice la situación ni subestime mi inteligencia.

Le explico. Me cuenta.- Esta pieza pese a que es muy parecida a la otra no es igual. Si se fija bien. Observe, esta es la pieza original que usted reemplazó por una igual a la otra. Tiene ciertas ranuras que no posee la otra.

Pues bien, al usted colocar otro tornillo simétrico porque le pareció que era bueno ya que obtendría igual rendimiento a corto plazo, debido a que este lo encuentra en todos los puntos de venta. Si se fija bien para poder atornillarlo se requiere fuerza y no encaja con facilidad. El engranaje con la otra pieza no es exacto y por ende el rendimiento actúa forzosamente y no como algo fluido, continúo y sin interrupciones. Así debe ser.  Si probamos con el motor. Este recibe el petróleo  necesario para su funcionamiento, más el flujo del líquido no es continúo como corresponde sino que requiere mayor potencia del acelerador para que el engranaje pueda trabajar adecuadamente, por ende como podemos concluir que tendrá usted un optimo funcionamiento a corto plazo. Más se echará a perder luego de un lapso de tiempo. Me imagino que por no esperar volverá a buscar la misma solución. Repitiéndose la acción una y otra vez. Hasta que llegará el día en que reflexione y se diga he gastado un dineral arreglando esto. Incluso se cuestionará ¿me hubiese pasado lo mismo si colocase la pieza original? Quizás su motor ya a esas alturas se encuentre averiado. Viéndose obligado a pagar por uno nuevo.
Entonces le interrumpo preguntándole :- ¿Eso que tiene que ver con el amor?

Sonriendo me contesta, en ocasiones lo más fácil es encontrar la pieza igual para que una relación funcione, más con el tiempo verá que no complementa el buen rendimiento del sentimiento con la simetría de los personajes y que todo comienza bien pero termina averiado. Por cuestión de prisa, tiempo, y falta de autoestima volvemos a intentar con un mismo patrón, lo que conlleva en un futuro a una abertura o herida mucho más profunda, provocando un vacío tan intenso que necesitará de un reinventarse.

Sin embargo, si vemos que ese tornillo ( alma) que nos falta es similar y no igual  pero esas ranuras  hacen de ella nuestro complemento, verá  el engranaje exacto, preciso en donde el líquido del amor fluirá por sí solo, continuamente y sin desgaste aceptando las características de cada componente como únicas. Le aseguro  se sorprenderá por su rendimiento. Lo igual no es sinónimo de ser compatibles, el ser complemento marca la fusión y la armonía de la totalidad.

Bien, ahora ¿Qué hacemos?  Me Pregunta.- ¿Le colocamos la pieza igual a la otra o la original?

Medite un instante y le respondí. –Aunque demore más tiempo en conseguirla quiero la original.
Me miró sonrió y me dice muy buena elección.