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sábado, 17 de agosto de 2013

LA DANZA DE LAS VERTIENTES

LA DANZA DE LAS VERTIENTES
Escrito por Claudia Rodríguez

En un lugar del mundo existían dos vertientes de aguas cristalinas, nacidas desde la cima de los hielos de las montañas, la leyenda menciona a Onu Alphas y Sod Anul, como las eminencias del relieve más altas de la zona.
Onu Alphas se caracterizaba por sus aguas briosas, cristalinas, era en extremo asertivo ya que otorgaba su vida a la madre naturaleza que más necesitaba de su respiro para seguir evolucionando en el crecimiento de la fuerza vital. El sol al amanecer siempre le alumbraba en señal del saludo a su esencia.
Por otro lado Sod Anul, era de aguas más tranquilas, silenciosa, su gentil sonido envolvía el alma de quien cerraba los ojos para escucharle. Era su señal de fluir con la vida, la danza suave de la belleza del Ser. La Luna, su fiel aliada se encargaba de alumbrar  los caminos que ella necesitaba recorrer para dirigirse alimentar a quienes durante el día mantenían actividad. Saciaba su sed y les invadía de calma y sueño re-ponedor.
Un día, Onus conversaba con las ondinas y les decía:
Yo se que con mi fuerza extrema puedo dañar, más gracias a ustedes puedo equilibrar esa energía y transformarla en deleite para quien desee beberme. Debo agradecerles también que me hayan enseñado acariciar cada piel, cada hoja, cada Ser que en mí, se baña. Con la sutileza del terciopelo, recorro cada célula del cual la belleza que me trae la Madre tierra quiera con mis gotas hacer un manantial de besos. Siento desde esta unicidad mía, la felicidad completa.
Por otro lado Sod Anul, mantenía una cálida plática con Poseidón, mencionaban la importancia de cuidar a los animales. Agradecía Sod a su Dios por custodiar cada vida dentro de sus aguas, de contener su ligereza donde fuese necesario y de entregar Vida a quienes necesitasen de ellos. Sod y Poseidón eran uno y desde esa magia entre lo sutil y lo poderoso vivian el día a día.
Un día la Madre tierra consideró que ya era  hora de converger las aguas de ambas montañas, estaban preparadas  para brindar una magia diferente a la humanidad. Ante un gran movimiento, que estremeció a toda la zona, los caudales al encontrarse se miraron y desde la profundidad de sus cristales se reconocieron agitándose cada uno, tanto así que el agua poco a poco se fue entibiando del calor, que de ellos emergía.
Dice la leyenda, que mientras ese acto ocurría, Gaia,  envió a sus mejores cantores a entregarles la más bella melodía. Y desde los cielos emergieron las luces más tenues y temperaron ese instante, donde la divinidad ofrecía compartir con la humanidad ese compartir el amor sagrado. Las albahacas y los lirios emitieron lo mejor de sí, para que ese aroma fragante y fresco fuera percibido por ellos.
Al irse entrelazando, las aguas, se fueron liberando de cualquier pensamiento que los llevara a un deseo que fuese solo gratificante, se centraron exclusivamente en el poder de sus manos. Dejaron de lado cualquier preocupación y se concentraron en un aquí y un ahora.


Dirigiendo su atención e intención al sentir y la sanación. Inició así un viaje de flujo curativo en donde los cristales poco a poco se iban armonizando para entrar en la sintonía de la vibración esencial.
Cada uno inspiró al otro y en ese exhalar recíproco tomaban una y otra vez el aire de quien compartía.  Siguiendo el compás de sus corazones, cuando ya se vieron extasiados del aroma saliente decidieron ante un sutil toque en sus labios ir sellando esa unión prodigiosa.
Onu, con sus manos ofreció a Sod una pequeña melodía de percusión en toda su postura. Recorriendo en línea recta y circular todo el trayecto de ella.
Con la yema de sus dedos dio pequeños pasos para establecer si ella se encontraba danzando junto con él.
Cubrió de movimientos en la parte dorsal de Sod, suspendió sus aguas en el aire y entregó parte de él a ella. Esa energía fue temperando las aguas convirtiéndolas en su momento casi en yacimiento termal, escaló su columna con masajes leves ejerciendo de vez en cuando una leve presión para hacerle sentir a ella que era él quien estaba presente en ese momento.
Comenzó ascender hacia el sacro, y con las manos apuntando hacia la cabeza de Sod, masajea diagonalmente, cada cristal que de ella provenía, al ritmo unísono de respiración.
Al llegar a sus piernas, puso sus manos en los tobillos presionó  con movimientos de pinzas se deslizó en  sus extremidades subiendo lentamente hasta llegar a su punta de diamante.
Poco a poco se fue posando sobre ella, para que fuese sintiendo su vigor, su canto y su silencio.
Acarició circular y regularmente la zona de sus pechos, primero con corrientes siguiendo las manecillas del reloj para luego realizar al sentido inverso.
Descansó sobre su abdomen la suavidad del plumaje de sus dedos para seguir su desplazamiento hacia los brazos de la bella Sod, una y otra vez el vaivén de me tienes cerca, me tienes lejos. Hasta confluir sus manos hacia su cuello. Donde a través del dibujo de girasoles fue marcando la pauta de lo que vendría después.
Fue a sus oídos y bajo susurros frotó su cuerpo con el de ella, así mismo lo hizo con sus sienes, mejillas y cabellos.
La tenia totalmente relajada lista para iniciar el camino a la unión magistral del deseo de compartir lo que soy, con tu verdad...
 Abre los ojos la vibración de Sod principiando la danza en donde ese respiro de manera consciente se intercambia emitiendo el mensaje de un te veo y reconozco. Comprometiendo la totalidad del Ser en ese baile, moviéndose al compás de lo que nace.
Fijaron sus miradas tomaron sus manos y al unísono comenzaron a entrelazarse en la sinfonía elocuente de los canticos celestiales del trineo de las aves.
Fue el comienzo original de la unidad cósmica.  Formando a través de movimientos ondulatorios la espiral que delata la energía palpitante. Entre expansiones y contracciones se encuentran dando un Si a la nueva vida, advirtiendo el nuevo soplo de la creación.
Fueron percibiendo la necesidad de placer como también el amor y a través de la paz que ese encuentro les provocaba,  se desearon.
Desearon ser uno, ese apetito de compartir  contrajo la paz para ambos. Fue allí donde él pide a ella coincidir en ese instante y fundirse en la llama sagrada que emite la cabeza del dragón, dando lugar a ese enorme caudal de un crecimiento y expansión más allá de lo imaginable. El lago de la alianza con la divinidad y de ello el compromiso de sumergirse en la magia del mar para llegar a la trasformación de un alma más grande, el flamante y lozano sistema del océano.
Dice entonces la leyenda, que cuando una pareja mira el océano se invaden del movimiento y la sensación de la unión de aquellas vertientes  y  la brisa que emana es parte del mensaje de amor que a cada pareja, ellos entregan.
Por eso, cuando te dirijas al océano toma la mano con quien sientes que deseas compartir ese instante y déjate invadir por la danza suave de la reverencia, como lo hicieron en algún momento  ese coincidir de  aquellas dos vertientes.